El carnaval de Arlequín – Joan Miró

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El carnaval de Arlequín es una obra de Joan Miró pintada entre 1924 y 1925. Es una de las pinturas principales de la época surrealista del pintor y actualmente forma parte de la colección Allbright-Knox Art Gallery en Estados Unidos.

Los personajes centrales de la obra son por un lado un robot que toca la guitarra y por el otro un arlequín que destaca por el tamaño de sus bigotes. Además, extendiéndose por toda la pintura se pueden encontrar varios detalles basados en la imaginación como un pájaro azul escapando de un huevo, unos gatos jugando con ovillos de lana, insectos, peces, una escalera con una gran oreja colorida incrustada o una ventana a través de la cual se puede ver un paisaje. La mayoría de elementos que aparecen flotando por la habitación tienen un significado para el artista. Por ejemplo la escalera significa para él una vía de escape, el triángulo negro que se puede ver por la ventana representa la Torre Eiffel y la esfera verde que recuerda al globo terráqueo simboliza sus ganas de conquistar el mundo.

En El carnaval de Arlequín se entremezclan los elementos simbólicos con los demás objetos de la habitación consiguiendo la expresión artística típica del surrealismo. La realidad representada se debe tomar como el resultado del subconsciente y su forma peculiar de percibir y reaccionar ante los estímulos externos.

El carnaval de Arlequín está fuertemente inspirado en el surrealismo, aunque esta influencia se hace más notoria en el tema tratado en el cuadro que en la técnica utilizada para pintarlo. A pesar de parecer una creación espontánea, la obra está precedida por varios bocetos y proyecciones de la estructura global. Estos trabajos previos muestran que el azar aparente característico de la obra en realidad resulta de una composición estudiada y precisa.

El carnaval de Arlequín obtuvo un gran éxito en la exposición de pintura surrealista realizada en la Galeria Pierre de París en 1925. De hecho esta obra se considera el inicio de la plenitud surrealista de Joan Miró. Según las palabras del pintor, que pasó por momentos de gran penuria en la época, trataba de plasmar las alucinaciones que la falta de comida le producía.

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El gran masturbador – Salvador Dalí

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El gran masturbador es una de las obras más famosas de Salvador Dalí y es un óleo sobre lienzo de estilo surrealista pintado en 1929. Actualmente se puede visitar en el Museo reino Sofía en Madrid.

El centro de El gran masturbador tiene una cara distorsionada y de perfil  mirando hacia abajo basada en la forma de una roca natural que se puede encontrar en el Cap de Creus, en la Costa Brava de Cataluña. Este perfil aparece en otras pinturas de Dalí como la también célebre La persistencia de la memoria. Del final de la cabeza surge una figura femenina desnuda; algunas interpretaciones  hablan de la figura de Gala, la por aquel entonces nueva musa del pintor. La boca de la mujer está situada justo al lado de lo que parecen unos genitales masculinos, sugiriendo una felación. La figura masculina solo aparece de cintura para abajo y presenta cortes sangrantes en las rodillas.

En la boca de la gran cabeza hay un saltamontes, un insecto al cual el pintor había hecho referencia en varios de sus escritos. Además, una plaga de hormigas se sitúa sobre el abdomen de dicho saltamontes, siendo este un motivo habitual de representación de ansiedad sexual para el autor. En la parte baja del paisaje se pueden apreciar tres figuras, siendo dos de ellas muy cercanas y proyectando una sola sombra mientras la otra es más lejana.

El gran masturbador representa varios de las actitudes contradictorias de Dalí hacia las relaciones sexuales, que fueron una de sus mayores obsesiones en vida. Durante la juventud del artista, su padre le dejó un libro con fotos explícitas de gente sufriendo diversas enfermedades venéreas para educarle provocando en el joven una fascinación y horror que acompañaron a Dalí durante su vida adulta. Además, en palabras del autor, este cuadro era un homenaje a uno de los acantilados de su querida tierra, el Empordá.

Se han realizado también algunas comparaciones entre esta obra y El jardín de las ocho delicias de El Bosco, donde una imagen compuesta por diversas rocas, arbustos y pequeños animales recuerda a la cara con una prominente nariz y largas pestañas que aparece en El gran masturbador.

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Las señoritas de aviñón – Pablo Picasso

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Las señoritas de Aviñón es una pintura al óleo de Pablo Picasso pintada en 1907. La obra retrata a cinco prostitutas desnudas en un burdel de una calle de Barcelona. Cada una de ellas está pintada de una forma confrontacional y desconcertante sin ser ninguna de ellas típicamente femenina. Las tres mujeres de la izquierda presentan tratos faciales del típico estilo ibérico de Picasso, mientras que las dos de la derecha tienen una faz similar a máscaras africanas.

Muchas veces se considera Las señoritas de Aviñón como el primer cuadro cubista, aunque algunos expertos lo consideran una exageración; el estilo de la pintura no se puede considerar todavía cubista, de hecho incluye elementos expresionistas contrarios al cubismo, aunque sí es acertado tomarlo como su punto de partida.

Probablemente debido a la cantidad de arte provocativo que existe en la actualidad es difícil valorar correctamente la brutalidad que supuso Las señoritas de Aviñón en su momento. El hecho de pintar mujeres sin ningún tipo de encanto o tristeza, sin ironía o crítica social, simplemente como si fueran los troncos de una empalizada. Igualmente, el método de pintura y el desencajamiento de las figuras apuntan simpleza y agresividad emocional sin preocuparse de la estética.

Las influencias de esta obra han sido ampliamente estudiadas. Por un lado, El Greco era uno de los artistas más admirados por Picasso en la época en que pintó Las señoritas de Aviñón. Concretamente, el cuadro Visión del Apocalipsis le sirvió de inspiración para el tamaño, forma y composición de esta obra. También Paul Gauguin y Paul Cézanne influyeron en Picasso a la hora del nacimiento del cubismo, especialmente en 1906 y 1907. Las exploraciones en la simplificación geométrica de Cézanne y el interés por el primitivismo y el arte africano de Gauguin fueron clave para la creación de Las señoritas de Aviñón.

Aunque la obra ha tenido una enorme y profunda influencia en el arte moderno, este impacto no fue inmediato ya que la pintura estuvo durante muchos años en el estudio de Picasso. Al principio sólo su círculo de amigos y artistas más cercanos eran conscientes de su existencia y las opiniones al respecto eran muy variadas, algunos se mostraban sorprendidos y disgustados mientras que otros estuvieron entusiasmados. Las señoritas de Aviñón fue exhibida por primera vez en 1916 y reconocida como un logro revolucionario alrededor de 1920.

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