Los Pilares de la Sociedad – George Grosz

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La pintura de hoy se llama Los Pilares de la Sociedad, completada en el año 1926 y se puede encontrar en la Nationalgalerie de Berlin. Se trata de un retrato sarcástico de las élites alemanas que apoyaban al fascismo. George Grosz participó voluntariamente en el servicio militar durante la I Guerra Mundial, aunque poco más tarde se unió al partido comunista. Finalmente decidió alejarse del fascismo que empezaba a calar hondo en Alemania y se mudó a Estados Unidos.

Como muchas de las obras del autor en esta época, satirizaba con lo que él creía era la sociedad burguesa corrupta de Alemania. El autor fue una figura muy importante en el movimiento conocido como Nueva Objetividad, especializado en representar la resignación y cinismo del periodo de la pos-guerra.

Quedan patentes las virtudes de George Grosz como caricaturista para producir un retrato grotesco, vívido y decadente de aquellos que controlan la sociedad. Hombres de negocios, clérigos y generales del ejército, todos ellos retratados no como pulcros y refinados caballeros sino como viciosos y egoístas individuos. Los que deberían ser los pilares de la sociedad vistos desde un punto de vista amargo y, a la vez, realista.

Si nos fijamos en los personajes retratados veremos que están llenos de detalles. En la parte delantera tenemos al viejo aristócrata bebiendo cerveza con su cabeza llena de pensamientos bélicos, su cicatriz y la esvástica en la corbata. Su monóculo no es opaco por casualidad. En la parte izquierda tenemos a un periodista, con una cazuela por sombrero que simboliza su falta de inteligencia. En la parte derecha encontramos a un socialista demócrata que destaca por tener su cabeza llena de excrementos. En el fondo tenemos a un clérigo pro-nazi que reza y predica la paz mientras ignora las acciones de los militares a sus espaldas.

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Mujer VI – Willem de Kooning

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Mujer VI forma parte de una serie de pinturas abstractas, Mujer, obra de Willem de Kooning en 1953. La última pieza de esa serie es Mujer VI y se puede encontrar en el Museo de Arte Carnegie desde 1955. Esta pintura es un buen ejemplo de la transición del arte contemporáneo desde la pintura europea tradicional hacia el expresionismo abstracto. Mujer VI es una obra de arte irremplazable en la abstracción de posguerra por su forma abstracta, el trabajo y técnicas de pincel usados y porque todavía tiene la habilidad de evocar una interpretación diferente con cada vistazo que se da a la obra.

En Mujer VI, la figura de una mujer está de pie en el centro del cuadro ocupando dos tercios de la superficie de la pintura. Diversos elementos del expresionismo abstracto destacan en esta pintura, tales como la composición, el espacio, la línea y el color.

La combinación de figuras geométricas como triángulos, cuadrados y círculos consigue construir una figura femenina con gran poder dramático. La cabeza incluye dos círculos como ojos. El cuerpo está formado por formas irregulares en  pecho y brazos que además están divididos en dos partes. La mujer no presenta manos o pies y de hecho la pintura acaba a la altura de las rodillas. Las figuras geométricas también forman el fondo y consiguen generar una tensión de oposición y armonía que producen una sensación de equilibrio en Mujer VI.

No es una composición simétrica, pero a pesar de eso todo parece balanceado. La figura principal está situada en el eje vertical mientras que el eje horizontal atraviesa su abdomen. Destaca la bidimensionalidad del cuadro ya que no hay sensación de profundidad y toda la pintura es en la superficie.

La innovación en las pinceladas hizo que Mujer VI destacara sobre los otros cuadros de la serie. Además, el efecto de los materiales, que son óleo en lienzo, muestra  el largo tiempo de producción de la obra.  Mujer VI es una pintura a gran escala y el óleo permite al artista tener más tiempo para acabarlo debido a su lento tiempo de secado.

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